miércoles, 13 de mayo de 2009

Equilibrio Hermanos.

¿Se han dado cuenta que la mayoría de las cosas que nos causan placer también nos traen problemas? Yo quisiera comer una pizza de pepperoni entera (como lo hacía hace 10 años), acompañada de una caja de cerveza suprema y finalizar con un milkshake de chocolate, pero la culpa y la salud me dicen desde un rincón molesto en mi mente: “No lo hagas compadre. Te pesará”.

Esa media obsesión con el bienestar me lleva a decir “no” a todas las cosas malignas que me tientan a cada momento. Decidimos voltear la espalda a los antojos y la seducción y pensamos en nuestro cuerpo como un templo que debe permanecer inmaculado.

Todo esto nos puede llevar a hacernos diferentes preguntas: ¿para qué estamos vivos si nos negamos a disfrutar de las ofertas de la vida? Men´s Health me advierte sobre todos aquellos enemigos de mi cuerpo: le colesterol, el cambio de temperatura, la falta de sueño, el sonido estruendoso de los audífonos y demás monstruos. Yo se que a veces me empalaga todos esos consejos, pero es evidente que la cantidad de conocimiento actual sobre los males que nos aquejan activa el instinto de protección hacia uno mismo y a aquellos a quienes amamos.

Pero… ¿no se supone que nuestra calidad y expectativa de vida son muy superiores a las de épocas pasadas? Mucha gente juega este juego por más de 75 años, aunque no siempre con una intensidad que lo justifique. Tengo varios amigos que estudian medicina, futuros grandes médicos. Estos son lo que se encargaran de tratar de curar todos los males que no tienen remedio por no saber o mejor dicho, no les enseñan lo que ellos llaman y con desprecio medicina preventiva o cambio de hábitos de vida. ¿Cuál es nuestra prioridad entonces? ¿La vida del rockstar (sexo, drogas, rock n´roll y muerte a los 27) (I want to be a RockStar - Nickelback)?

A mi juicio todo debe estar en equilibrio.

Yo no he dejado de beber cerveza (Jamás) o vino (un vinito de buena calidad cae bien rico), ni de devorar cantidades obscenas de pizza, Hamburguesa y salir sudando de mis clases de Taekwondo hacia el frio nocturno. Eso sí: sé contrarrestar los efectos de mis travesuras.

He reservado sábado o domingo para la la comida chatarra (practica familiar), el pan, las golosinas, la CocaKola, las frituras, la piel de pollo y otros placeres malditos. El resto de la semana me tranquilizo, hago ejercicio y, a pesar de lo mucho que lo intento, no puedo levantarme a las 5 de la mañana a correr como lo hacía antes – una de mis desgracias personales.

Los riesgos siempre están presentes y no podemos pasarnos la existencia escondidos en una cueva y sobreviviendo con nueces y agua por miedo a cáncer o un problema cardiovascular. Veamos el lado amable en todo esto, ya que de ahí radica la cantidad de pequeños detalles con los que podemos hacer la diferencia. Aprender a comer no es atiborrarse de ensalada y atún, beber tres litros de agua al día y mirar con desprecio los pasteles.

Si nos detuviéramos algunos minutos a descifrar todo aquello que podemos deducir de las tablas nutrimentales, Wikipedia, los anuncios televisivos y las notas periodísticas, nos percataríamos de que vivir sin miedo es mucho más fácil de los que nos han hecho creer.

Cuerpo Sano, Mente Sana. (Don Coco)

R.I.P. Don Geñito.

Eso es todo amigos, muchas gracias por su atención, que les vaya bien bonito